Dra. Silvina Peirú
M.P. 31274/9 R.E 11853

Obstetricia - Parto respetado

Acompañamiento del post-parto, lactancia y crianza

El nacimiento de Franca

Luego de atravesar dos cesáreas que hoy se fueron innecesarias para mi cuerpo, aunque supongo necesarias para mi crecimiento como mujer y partera, decidimos a mis 37 años, junto a mi compañero, invitar a un nuevo ser para que viniera a vivir junto a nosotros.

Javi y yo quisimos ser padres nuevamente y abrimos el portal. Ella eligió entrar en mi cuerpo a mediados de mayo y fue esperada y acunada con amor.

Gestamos en silencio, en un secreto entre los dos los primeros tres meses y luego invitamos a toda la familia y a los amigos a compartir nuestra alegría.

Mientras mi cuerpo sabio daba su espacio y sus fuerzas para que ella creciera en mi, fuimos planeando el nacimiento que sabíamos esta vez sería normal y en casa, junto a los seres amados y en los tiempos que mi cuerpo necesitara para hacer su trabajo.

Así fue como le pedí a Marina, mi amiga y partera, y también a So y Cari, mis doulas y mis amigas también que me acompañaran en este viaje.

La gestación transcurrió en paz, fue hermosa y plena, y hubo mucho trabajo mío de recuperar la confianza. Sabía que podría con esto, sabía que mi cuerpo haría su trabajo, pero a su vez el recuerdo del nacimiento de Manuel y de Anna, mis bellos hijitos mayores, venía a mi mente una y otra vez. Allí los médicos dictaminaron "NO DILATAS" y decidieron que me operaban. Mi recuerdo es de tristeza profunda, de tremenda impotencia, de desolación, y la huella mnésica fue fuerte, así que hube de trabajar duro, hube de recordar, borrar, y recuperar.

Trabajé con una osteopata que me ayudó en lo corporal, y con Gabi hice en paz mi curso de pre parto.

El 13 de febrero, con un calor inmenso, mis hijos y Javi se fueron al río, yo me quedé en casa, descansando, pero no pude, algo me mantenía muy activa, salí al jardín y vi a mi duraznero repleto de duraznos maduros, busqué unos baldes y los llené de duraznos perfumados que luego limpié y preparé para hacer dulce en la paila de cobre. Percibí que aparecían algunas contracciones, estábamos pasando la semana 40 y yo ya estaba bastante ansiosa, así que me puse feliz, algo ese día estaba diferente. Seguí haciendo cosas y se me antojó tener un lemon pie en la heladera, así que salí caminando al supermercado en busca de lo necesario, regresé y lo hice, pensaba será bueno tener algo rico para celebrar, seguía percibiendo ese algo diferente, tenía mucha energía y aparecían más contracciones que de costumbre, aunque no sentía dolor.

Esa tarde fue de mucho disfrute para mí, fue un hermoso encuentro íntimo con mi misma y con mi bebé.

Al atardecer regresaron los niños, Javi se fue a trabajar, yo seguía percibiendo mis contracciones, no dije nada y preparé la cena, cenamos con los niños y los acosté, les leí su cuento de cada noche y se durmieron, las contracciones eran cada 3 minutos, no dolían, solo las percibía pero tenían ritmo y eran intensas. El panorama era claro, esto era el trabajo de parto y ya no se detendría.

Hablé con Marina por TEL, ella había ido al río y paseaba con So y Cari, llegó un poco más tarde y me acompañó mientras charlábamos y miramos una peli juntas. Cuando Javi volvió del trabajo Mari se fue a descansar un rato, yo me quedé con mi compañero, estaba entre oleadas de contracciones más intensas, como en un ensueño de a ratos, el me mimó y acompañó mientras todo subía de intensidad.

No recuerdo bien la hora, pero creo eran como las 03:00 AM cuando llamé a Marina, la necesitaba más cerca, ella vino y Javi se recostó un ratito, le pedí que me revisara, yo tenía temor de que no estuviera funcionando, y cuando me revisó y me dijo con una sonrisa "estás con 6 cm.”, sentí que ya estaba, que definitivamente Sí dilataba y sus palabras fueron la certeza necesaria para entregarme completamente a este viaje de parir.

Todo se aceleró entonces y mi cabeza va tras recuerdos y sensaciones que no logro definir claramente, tengo una sensación de gran intensidad en mí.

Mi hija Franca y yo éramos un equipo maravilloso, yo tenía la certeza absoluta de que ella se encontraba bien y de que podríamos lograrlo.

Caminé, tomé agua, me bañé muchas veces, me abracé a mi compañero, y grité tanto.

Luego vino el día, había tanta fuerza en mi cuerpo, era tan intenso, creí que no lo resistiría. Mis hijos despertaron y Javi los llevo a casa de mi vecina que los acogió un rato en su hogar. Entre tanto So había llegado y me sirvió mucho sentirla cerca, mi amiga-hermana trajo la frescura del amanecer y renovó las energías de los que estábamos de tantas horas, me envolvió con su luz y vocalizamos mis gritos, me ayudó a centrar mi energía relajar mi boca y mi cara.

Mari acompañaba todo desde su silencio confiado, su paz me trasmitía confianza, ella nunca dudó y eso ayudó tanto a que yo tampoco dudara.

El cuerpo tenía una intensidad increíble, ya la dilatación estaba casi completa, un reborde del cuello del útero se interponía entre la cabecita de Franca y mi pubis y dolía tanto. Mari intentó correrlo con un tacto pero no lo toleré, así que decidí que lo haría yo, ahí en el banquito de partos me senté y me tacté, cuando vino la contracción lo corrí de lugar y el dolor cedió automáticamente.

Tras esto, comencé a sentir intensos pujos, era impresionante, salían de mi cuerpo y no había control posible sobre ellos, mi cuerpo era tan poderoso, mi mente no podía seguirlo, tan diferente era todo, tanto, que en un momento recuerdo que decidí interiormente entregarme, era para adelante, no había ni vuelta atrás ni punto medio, había que saltar al abismo, lo sabía, y entonces solté, y confié. Todo mi ser se puso a pujar, no encontraba posición, sentía que estallaría, no había imaginado semejante fuerza, me senté en el banquito nuevamente, vi a Marina con los guantes puestos, me toqué y sentí su cabecita allí, asomando por mi vulva entreabierta, estaba coronando, Dios mío!, estaba tan cerquita!, me dio ánimos y Mari me recordó que yo quería recibirla, me sabía tan cuidada, puse mis manos, pujé y su cabeza se apoyó en mis manos de madre, de partera, de tantos niños recibidos, y ahora era mi hijita, y su cuerpo se desprendió suave, sentí sus hombros, sus brazos, su tronco, sus muslos, la sentí cruzar mi cuerpo y llegar a mis brazos, la puse en mi teta izquierda, que es el lugar sagrado donde todos los niños han de llegar, y abrió sus ojazos negros y nos miró, y berreó su primer grito y todos lloramos de amor, de alegría, de agradecimiento. La energía del universo, de cada mujer sabia antes que yo estaba allí cobijándonos, dándonos su abrazo maternal para que esto sucediera.

Mi niña había nacido, y yo la había parido!

Sil

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Dra. Silvina Peirú
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