Dra. Silvina Peirú
M.P. 31274/9 R.E 11853

Obstetricia - Parto respetado

Acompañamiento del post-parto, lactancia y crianza

TU LLEGADA:

Fué un domingo por la noche, habíamos pasado el día en companía de familiares y amigos. Nos reunimos para despedirnos; teníamos programado salir para Villa General Belgrano el viernes por la noche. Ya solos, a eso de las 21hs., mientras Mauri continuaba haciendo arreglos en la casa (a la que nos habíamos mudado hacía sólo un mes); yo acomodé la pila de platos y salí al patio a juntar las botellas de plástico que estaban esparcidas por todo el terreno, haciendo el ejercicio de caminar unos pasos, agacharme, y así sucesivamente hasta que el patio quedó limpio. Cuando entré a casa empecé a sentir que me mojaba, como si me orinara, pero cuando hice presión para retener, me dí cuenta que no podía, le dije a Mau: "me estoy mojando, me parece que se me rompió la bolsa!", (cuando terminé de decirselo, ya estaba parada en un charco), Mau se quedó mirando con el martillo en la mano y me dijo: "y ahora que hacemos?"

Habíamos programado tener un parto en casa y pensábamos viajar a Córdoba siguiendo a Silvina Peirú, nuestra partera que había decidido radicarse en Villa General Belgrano mudándose a mediados de Marzo. No había podido derivarme, porque en Rosario nadie trabajaba con esta modalidad, y por este motivo habíamos decidido viajar.

Yo deseaba tanto vivir esa experiencia de parir a Olivia con todo mi ser, que no existía en mis pensamientos la posibilidad de que el parto se adelantara. Porque sabía que si esto pasaba iba a tener que ir al sanatorio, con la carga emocional que eso implicaba para mí. Había preparado un plan B, por si el parto se daba en Rosario, pero para ser sincera ... en mi interior no lo consideraba en absoluto; es por eso que me quedé paralizada cuando se rompió la bolsa. Eran las 21,30hs. del domingo 28 de mayo.

Me fuí al baño y le pedí a Mau que me alcanzara una toallita, estuve un rato sentada en el inodoro mientras seguía saliendo líquido. Le dije a Mau que llamara a Sil y le dijera lo que estaba pasando,

él hacía de interlocutor mientras Silvina preguntaba de que color era el líquido, para ver si había meconio, pero era transparente.

Cuando pensé que había terminado, me higienisé y salí para hablar con Sil. Escucharla me daba mucha tranquilidad, me dijo que llamaría a Raquel Shalman, (una partera que es una especie de shamana antigua, con todo el respaldo de la ciencia eccidental), la iba a llamar para ver que posibilidad existía de que ella viniera a nuestra casa (en Pueblo Esther) o que nosotros fuéramos a la suya en Bs. As.; ya que el viaje era mucho más corto que a Villa General Belgrano.

Mientras esperaba la respuesta, suena el teléfono, era Alejandra Galván, (otra guerrera de esta cruzada) a quien Sil había llamado antes para que me contuviera mientras se resolvía que ibamos a hacer. Cuando me preguntó como estaba, sentí que me invadía una angustia enorme, no porque tuviera miedo de parir, sino que me aterrorizaba la idea de tener que ir a un hospital. Su pregunta me hizo pensar en eso, y me puse a llorar ...

No recuerdo exactamente todo lo que Ale me dijo, pero sí que se ofreció para acompañarme de la manera que yo necesitara, desde venir a mi casa, hasta acompañarnos al sanatorio y hacer un escudo con Mau para que no me hicieran nada que yo no quisiera ...

Cuando Sil se comunica nuevamente me cuenta que Raquel le había dicho que si era primeriza y todavía no tenía contracciones, podía irme a Córdoba; porque además el vínculo lo había hecho con ella, y no con Raquel, lo cual no es sólo un detalle en estos casos.

La desisión era nuestra, y nuestras también las dudas entre las opciones que teníamos. Me daba miedo hacer un viaje de 7hs. en estas condiciones, pero me daba más miedo aún que me internaran y me aplicaran toda la rutina hospitalaria; quería que me dejaran parir tranquila, vivir ese momento único como lo sintiera ...; Mau me dijo:"hacemos lo que vos quieras"; hasta ese momento no recuerdo exactamente cuantas veces nos habíamos comunicado con Silvina que me dijo que tenía que tomar una desición. Eran las once de la noche cuando le dije a Mau que nos ibamos a Córdoba, entonces el problema fué de que manera, porque no teníamos auto.

Lo primero que se nos ocurrió fué llamar a unos amigos para que nos llevaran, porque después de acordar con Sil, la idea era llegar hasta una estación de servicio de Rio Tercero, donde nos encontraríamos, y de ahí seguiríamos juntos hasta Villa General Belgrano, (si yo seguía sin contracciones nos iba a buscar Javier(su compañero), y si estaba con dolor, iría ella).

Nuestros amigos, que nunca estuvieron de acuerdo con la idea de tener un parto en casa, nos dijeron que no podían llevarnos, y que era una locura viajar dada la circunstancia. Mi amiga Celi estaba contentísima porque Olivia había elegido nacer en Rosario!!, me hizo prometerle que no iba a cometer ninguna locura, y no lo hice; Celina es para mí una hermana, esas amigas del alma, pero si hasta ese momento no nos habíamos puesto de acuerdo, no era precisamente ese el instante en que nos fuéramos a entender...

Llamamos luego a mi hermano con el mismo planteo, que también respondió que no podía llevarnos, me dijo que él siempre me había apoyado en lo que yo quería, pero que esto no lo compartía y que le parecía que las sugerencias de mi obstetra no eran muy acertadas.

Creo que entre tanta resistencia, lo que está silenciado, absolutamente negado, es la propia muerte. Lo que está velado en nombre del "buen proceder médico" es un profundo temor a asumirnos como lo que somos ...

Con este panorama descolgamos el tel. (porque después del pedido comenzaron a llamar) y pensamos en una tercera posivilidad: llamar a un remis; otra vez Ale Galván nos ayudó buscándonos el número de una remisería , ya que necesitábamos un auto en buenas condiciones que nos garantizara llegar; quedamos que el remis nos pasaría a buscar a las 0hs., y ahí estubo, puntualmente.

Un rato antes habíamos cargado la ropa de Olivia en una gran bolsa, y la nuestra en la mochila de viaje de Mau.

No teníamos nada preparado, hasta sacamos los buzos polar que estaban listos para lavar, le sacudimos el jabón y los metimos en una bolsa de consorcio, (para lavarlos cuando llegáramos). Fué un preparativo apresurado entre risas de alegría, emoción y nerviosismo, tratando de no olvidarnos nada ... Me fuí a bañar a la casa de mi vecina, porque todavía no nos habían instalado el gas en casa, y sentía que necesitaba bañarme. Cuando terminé me despedí de Isabel que me dió un abrazo muy fuerte y salí a la calle, estaba el remis esperando, eran las 0.30hs., y partimos para Rio Tercero.

Era una noche fría ... cuando subimos al auto no le dijimos al remisero por que viajábamos, nos pusimos a hablar y él nos contó que le gustaba manejar de noche, y que no trabajaba habitualmente de chofer, sólo hacía viajer largos. Además como era sanjuanino conocía bien el camino porque lo había hecho muchas veces. No podíamos haber tenido más suerte, porque la ruta que iba a Córdoba estaba en buenas condiciones pero faltaba señalización, y nos habríamos perdido más de una vez si hubiésemos ido con alguien que no conocía.

Unos veinte minutos después de la partida empecé a sentir unas molestias, (como de dolor menstrual) que se iban acrecentando, eran las primeras contracciones. Cuando el dolor comenzó a aumentar dejé de participar en la charla, entonces Mau, que se había sentado adelante, empezó a darse vuelta para preguntarme como me sentía. Yo le hacía señas para que disimulara, tenía miedo que el remisero se diera cuenta de lo que estaba pasando y nos trajera de regreso.

Llegó un momento que yo no sabía en que posición ponerme para tratar de estar más cómoda, intenté dormir y no pude, empecé a sentir muchas ganas de ir al baño.

Para ese entonces hacía más de dos horas que estábamos en viaje. Ante mi incomodidad y mis reiterados pedidos de usar un baño, el remisero paró en un peaje y Mau llamó a Silvina para que fuera ella a buscarnos.

A esta altura no hacían falta explicaciones, pasé a sentarme adelante para poder estirar las piernas y estar un poco más cómoda, y seguimos viaje ...

Las contracciones eran cada vez más fuertes y no encontraba posición que me calmara, mis quejidos se fueron convirtiendo en gritos y llantos con pequeños intervalos de calma entre contracción y contracción, hasta que la ola de dolor volvía y yo suplicaba un descanso, por el que todavía iba a tener que esperar mucho. Recuerdo que entre una contracción y otra reinaba un silencio que me avergonzaba, porque en ese momento me daba cuenta de la situación que generaban mis gritos, entonces le pedí disculpas a Jorge (el remisero), que me respondió que no me hiciera problema y que le pegara a él si hacía falta!! Me acuerdo que en un momento yo gritaba tanto que Mau me preguntó si quería que paráramos en algún hospital (de uno de los tantos pueblitos que cruzamos en el camino), mi respuesta fué un "no" contundente, sólo miraba el velocímetro para ver que tan rápido íbamos y me desesperaba porque cada vez que cruzábamos un pueblo teníamos que disminuir la velocidad.

Cuando empecé a preguntar si faltaba mucho, me dijeron que todavía faltaban dos horas. En un momento el remisero me dijo: "no se haga problema Silvina, si hay que recibir al bebé, paramos el auto y lo recibimos!!, ahora sí, yo tendría que ser el padrino!!"

Fué el viaje más largo de mi vida! cuando por fín nos dijeron que las luces que se veían a lo lejos eran de Rio Tercero, no lo podía creer!!.

Las luces se fueron haciendo cada vez más grandes hasta que llegamos a la estación de servicios, eran las 5.30 de la mañana. Apenas bajé del auto busqué a Silvina con la mirada y no la encontré, y mientras le decía a Mau que Sil no estaba me puse a llorar desconsoladamente!; no había pasado medio minuto que ella estacionaba el auto, vino hacia mí, y mientras me abrazaba me dijo: "¿cómo estás negra!!", me relajé tanto que me oriné!

Mau se fué a tomar un café con el remisero, mientras este llamaba a un compañero y le decía: ¿a que no sabés lo que me acaba de pasar?. Con Sil nos fuimos al baño, me hizo tacto, tenía 5cm. de dilatación, y escuchó los latidos de Olivia, estaba todo bien ... todavía faltaban un par de horas para llegar hasta Villa General Belgrano.

Cuando subimos al auto me dijo que podía gritar, putear, que hiciera lo que tuviera ganas ... yo sólo pedía una tregua y me dijo que eso era lo único que no iba a ser posible.

Las contracciones eran muy fuertes, y el dolor cada vez más intenso, pero yo me sentía segura, protegida, la presencia de Silvina me daba una profunda tranquilidad. Silvina representaba no sólo el lugar del médico, sino el de una mujer que podía entender lo que me pasaba.

Este último tramo del viaje fué interminable, sentía que no aguantaba más!, sólo recuerdo que el camino serpenteaba los cerros, estaba metida muy dentro mío, sólo me conectaba con el exterior en los momentos de dolor. Cuando por fín llegamos a Villa General Belgrano, Sil buscó las cabañas que había reservado a las once de la noche del domingo; porque el lugar que teníamos reservado nosotros hacía dos meses, estaba ocupado, ya que nos esperaban una semana después ...

Mau bajó corriendo del auto y abrió la tranquera, nosotras seguimos hasta la cabaña, donde nos esperaba Laura (su dueña), que nos recibió con todo cariño.

Ya no daba más!!!

Silvina bajó la sillita y el maletín y los colocó en medio de la sala, mau preparó la música que había elegido para ese momento; yo me fuí al baño, me puse el pijama y me quedé sentada en el inodoro, habían pasado 15 o 20 minutos, Mau vino a preguntarme si estaba bien y Sil me dijo que saliera, que ya estaba ... Me senté en el banquito, Sil me ayudó a sacarme los zapatos, me hizo tacto, tenía 10cm. de dilatación, y oscultó a Olivia. Ella se sentó en el piso y Mau en una silla detrás de mí, (como el banquito no tiene respaldar), él me rodeó con sus piernas, me servía de apoyo para cuando venía una contracción, yo sentía que los dos hacíamos fuerza; fué mi sostén en todo momento, mi amor, mi compañero incondicional, que me acompaño siempre de la manera que yo necesitaba, en ese momento desde el silencio y el contacto ...

Es difícil poner en palabras las sensaciones del cuerpo, sentí cosas que desconocía; un dolor indescriptible mezclado con un profundo placer me invadían, un placer absolutamente sexual, igual y diferente a la vez ...

Después de varias contracciones, Silvina me dijo: "tenés que dejarla salir ..." y yo: "me la quiero quedar..."; nada de esto era racional, sino más bien una sensación, sentía que Olivia había sido mía hasta ese momento, y había llegado la hora de separarnos ... tomé la desición: la iba a dejar salir!, y empecé a pujar con todo mi ser!, en un momento sentí que no podía más, que mis esfuerzos eran en vano, y entre sollozos le pregunté a Sil:¿ por que no sale?!!, y ella me decía que iba todo bien, que ya iba a salir!, después de un rato dijo: ¡mirá ahí está, tocale la cabeza!, tiene un remolino!, lo llamó a Mau para que se acercara a verla, y entre los dos me animaban.

Recuerdo que en un momento miré a la ventana, empezaba a amanecer ... escuché el ladrido de unos perros que se parecían al de nuestra perra Kaya, sentí que era un mensaje mágico, como si estuviera presente en los instantes previos a tu llegada. Esta percepción tiene un significado especial, porque fué a partir de la muerte de perros muy queridos, que surgió en mí el deseo de tenerte ..., y ahí estaba ..., el amanecer de una nueva vida.

Un grito ansestral vibró en el aire y se mezcló con tu llanto, Silvina me dijo: ¡¡agarrala!!, yo me incliné, te abracé y Mau llorando nos abrazó a las dos ... Dejaste de llorar cuando escuchaste mi corazón, que latía como nunca antes había latido; nos mirabas con tus ojos increiblemente abiertos.

Habías llegado hija ... de una forma maravillosa, empezábamos a recorrer un nuevo camino de aprendizaje, un camino que nos depararía grandes pruebas, que nos harían replantearnos muchas cosas; y donde una vez más nos jugaríamos todo lo que teníamos, todo lo que somos, para ganar nuevamente la batalla ..., hasta que algún día nuestro fuego se mezcle en el universo.

Pero el tuyo OLIVIA, ES UN SOL RECIEN NACIDO ...

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Dra. Silvina Peirú
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